por metafi el Sab 13 Mar , 2010 12:17 pm
Pues aquà está, si no entiendes por donde va me lo dices, creo que hay que motivar a los niños para que sean mas conscientes.:
Por Neale Donald Walsch
HABIA UNA VEZ UNA Pequeña Alma que dijo a Dios:
-¡Ya sé quien soy!
Y Dios le contesto:
-¡Maravilloso! ¿Quieres eres?
La pequeña alma contesto a toda voz.
-¡Soy la luz¡
Dios sonrió ampliamente:
-Asà es -exclamo-. Tú eres la Luz.
La pequeña alma estaba feliz, porque habÃa comprendido lo que todas las almas del reino trataban de entender.
-¡Hurra! ¡Esto es fantástico¡
Pero poco después ya no le basto con saber quién era. SentÃa cierta inquietud en su interior, porque querÃa ser, mostrar, sentir lo que era. AsÃ, la pequeña alma volvió a hablar con Dios (lo cual no es mala idea para todas las almas que quieren ser Quienes Son realmente), para comunicarle sus ideas:
-¡Hola, Dios! Ahora que ya sé quién soy, ¿es bueno serlo?
Dios respondió: -¿Quieres decir que deseas ser Quien Ya Eres?
-Pues... veras. Una cosa es saber Quién soy, y otra muy distinta es serlo realmente. Quiero sentir como es ser la luz.
-Pero si ya eres la luz -Repitió Dios, sonriendo otra vez.
-¡Si, pero quiero saber cómo se siente serlo! -exclamo la pequeña alma.
Creo que debà imaginármelo -repuso Dios, riendo-, Tu siempre has sido
la más aventurera ---y, tras un instante, la expresión de Dios cambió-.
Pero hay una cuestión...
-¿Qué es? pregunto la almita.
-Que no existe otra cosa además de la luz. No creé otra cosa que lo que
tú misma eres. AsÃ, no hay un modo sencillo para que experimentes Quien
eres, puesto que no hay nada que no seas.
-¿Cómo? -repuso la Pequeña Alma inocente, estaba un poco confundida.
-Piénsalo de este modo. Eres como una vela en el sol. Ya estas allá,
junto con millones y millones de otras velas que forman el sol. Y el
sol no podrÃa serlo sin ti, porque le faltarÃa una de sus velas, y asÃ
no podrÃa brillar tanto.
Pero saber que eres la luz estando dentro de la luz... ese es el problema.
-Tú eres Dios, ¡ya se te ocurrirá algo!
Dios volvió a sonreÃr:
-Ya pensé en algo. Puesto que no puedes sentirte la Luz al estar en ella, te rodeare de oscuridad.
-¿Qué es la oscuridad?
-Es aquello que tú no eres.
-¿Tendré miedo de la oscuridad? -gimió la almita.
-Solo si asà lo quieres -respondió Dios-. A decir verdad, no hay nada
que temer, a menos que asà lo decidas. Nosotros inventamos todo eso.
Fingimos.
-¡Ah! -exclamo la pequeña alma, que ya se estaba sintiendo mejor.
Entonces Dios explico que, para poder experimentar cualquier cosa, se requiere de su opuesto.
-Ese es un gran don, porque sin él no podrÃas conocer como es todo lo
demás. No podrÃas saber qué es lo Caliente sin lo frio, el Arriba sin
el Abajo, lo Rápido sin lo lento. No podrÃas saber que es la izquierda
sin la derecha, el Acá sin el Allá, el Ahora sin el Después.
Y asà -concluyo Dios-, al verte envuelta en la oscuridad, no cierres el
puño ni alces la voz para maldecirla. Más bien, sé Luz entre las
tinieblas, y no te enojes por ello. De ese modo sabrás Quien Eres
Realmente, y también los demás, lo sabrán. Permite que tu luz brille
para que todos sepan que eres alguien muy especial.
-¿Quieres decir que está bien que los demás sepan que soy alguien muy especial?- inquirió la Pequeña Alma.
-¡Por supuesto!-rió Dios-¡Esta muy bien! Pero recuerda que "especial"
no quiere decir "mejor". ¡Todos son especiales, cada uno a su modo!
Pero hay muchos que no lo recuerdan.
Entenderán que está bien que sean especiales solo cuando tú mismo sepas que está bien ser especial.
-¡Fantástico! -exclamo la almita, quien bailaba, reÃa y daba saltos de felicidad-¡Puedo ser todo lo especial que quiera!
-SÃ, y puedes serlo a partir de ahora mismo- agrego Dios, quien bailaba y saltaba y reÃa con la pequeña Alma-
¿Que parte de lo especial quieres ser?
-¿Qué parte de lo especial? No te entiendo. -Verás...- le explicó Dios-
ser la Luz es ser especial, y eso está hecho de muchas partes. Ser
generoso es ser especial. Ser amable es ser especial. Ser creativo es
ser especial. Ser paciente es ser especial. ¿Se te ocurren otros modos
de ser especial? La pequeña Alma quedo en silencio por un instante:
-¡Se me ocurren muchas formas de ser especial!- Exclamo luego.- Es
especial ayudar a los demás. Es especial compartir. Y ser amistoso
también es ser especial. ¡Ser considerado con los demás es ser especial!
-¡Asà es!- concordó Dios-. Y tú puedes ser todas esas cosas, o
cualquier otra parte de lo especial que desees ser, en cualquier
momento. Eso significa ser la Luz.
-¡Ya sé lo que quiero ser!- anuncio la Pequeña Alma, muy emocionada-.
Quiero ser la parte de lo especial llamada "perdonar". ¿No es especial
perdonar?
-Oh, sÃ- aseguro Dios-. Eso es muy especial.
-Entonces, eso quiero ser. Quiero perdonar. Quiero experimentarme a mi misma de ese modo.
-Bien- dijo Dios-. Pero hay algo que debes saber. La Pequeña Alma
comenzaba a impacientarse. ParecÃa que siempre habÃa complicaciones.
-¿De qué se trata?- suspiró.
-No hay nadie a quien perdonar.
-¿Nadie?- la Pequeña Alma apenas podÃa creer lo que estaba oyendo.
-¡Nadie!- repitió Dios. Todo cuanto hice es perfecto. No hay una sola
alma en toda la creación que sea menos perfecta que tu. Mira a tu
alrededor.
Entonces la Pequeña Alma se dio cuenta de que se habÃa reunido una gran
multitud. De todo largo y ancho, de todos los rincones del Reino,
habÃan venido almas, porque se habÃa corrido la voz de que la Pequeña
Alma sostenÃa una extraordinaria conversación con Dios, y todos querÃan
oÃr lo que decÃan.
Viendo a las incontables almas reunidas, la almita tuvo que coincidir: nadie parecÃa ser menos maravilloso, menos magnifico o menos perfecto que ella misma. Tal era el esplendor de las almas reunidas y tan brillante era su Luz, que la Pequeña Alma apenas podÃa sostener su mirada.
-¿A quién perdonar entonces?- preguntó Dios.
-¡Oh, creo que esto será muy aburrido!- Gruñó la almita-. QuerÃa
experimentarme como El Que Perdona. QuerÃa saber cómo es esa parte de
lo especial. Y, asÃ, supo como es estar triste.
Pero entonces un Alma amistosa salió de entre la multitud: -No te preocupes Pequeña -le dijo-. Yo te ayudare.
-¿De verdad? -replico, con el rostro iluminado-. ¿Pero qué puedes hacer?
-Puedo llevarte a alguien que haga daño, para que lo perdones.
-¿Puedes?
-¡Desde luego! -canturreo el Alma amistosa-. Puedo ir a tu siguiente vida y hacer algo para que lo perdones.
-Pero... ¿Por qué habrÃas de hacerlo? -pregunto la Pequeña Alma-. ¡Tú que eres un Ser de absoluta perfección! ¡Tú que vibras con gran rapidez creando una luz tan brillante que apenas puedo verla! ¿Qué podrÃa hacer que frenaras tu vibración hasta que tu luz se hiciera oscura y densa? ¿Que podrÃas hacer tu, que eres tan ligera como para bailar en las estrellas y desplazarte por el Reino a la velocidad del pensamiento, entraras a mi vida y te volvieras pesada como para hacer
una cosa tan mala?
-Es muy fácil -repuso el Alma Amistosa-. Lo harÃa porque te amo.
A la Pequeña Alma le sorprendió la respuesta.
-No te asombres- le dijo el Alma Amistosa-. Tú hiciste lo mismo por mÃ.
¿No lo recuerdas? Hemos bailado juntas muchas veces, por eones y eras.Durante todos los tiempos y en muchos lugares hemos jugado juntas.Simplemente no lo recuerdas. Ambas hemos sido todas las cosas. Ya fuimos el Arriba y el Abajo, la Izquierda y la Derecha. Fuimos el Acá y el Allá, el Ahora y el Después, Fuimos lo Masculino y lo Femenino, lo
Bueno y lo Malo. Tu y yo Fuimos la vÃctima y el villano. AsÃ, nos hemos reunido muchas veces, la una dando a la otra la oportunidad exacta y perfecta para expresar y experimentar Quienes Somos Realmente."
"De ese modo -añadió el Alma Amistosa-, llegaré a tu próxima vida y seré el "malo" o la "mala. Igual haré algo realmente terrible, y entonces podrás experimentarte como El Que Perdona.
-¿Que harás?- pregunto la Pequeña Alma, un poco nerviosa-. ¿Qué puede ser tan terrible?
-Oh, ya pensaremos en algo -replico el Alma amistosa, con un guiño Segundos después, pareció tornarse muy seria y murmuró: -Tienes razón en algo.
-¿En qué? -quiso saber la almita.
-Tendré que frenar mi vibración y hacerme muy pesada para hacer ese
algo no tan bueno, Fingiré que soy alguien muy distinto a quien
realmente soy. Por eso te pediré un favor a cambio.
-¡Si, lo que quieras! -exclamo la Pequeña Alma y comenzó a cantar y bailar- ¡Podré perdonar, podré perdonar!
Pero notó que el Alma Amistosa seguÃa muy callada.
-¿Que quieres? -le pregunto-. ¿Qué puedo hacer por ti? ¡Eres todo un ángel por estar dispuesta a hacer tal cosa por mÃ!
-¡Claro que el Alma Amistosa es un ángel! -interrumpió Dios- ¡Todos lo son! Siempre recuerda eso que solo ángeles envÃo.
Y asÃ, la Pequeña Alma quiso más que nunca satisfacer la petición del Alma amistosa:
-¿Qué puedo hacer por ti? -volvió a preguntar.
-En el momento que te golpee y te destroce, te haga daño -repuso el Alma Amistosa-,
cuando te hago lo peor que pudieras imaginarte, en ese mismo instante..
-¿Qué? -interrumpió la Pequeña Alma-. ¿Qué..?
El Alma amistosa esta aun más seria: - ¡Recuerda quien soy realmente.!
-¡Si, asà será! -exclamó la peque-. ¡Te lo prometo! Siempre te recordaré tal y como te veo aquà y ahora.
-Muy bien -repuso el Alma Amistosa-, porque pondré tanto empeño en fingir, que olvidaré quien soy. Y si tú no me recuerdas como soy realmente, no podré acordarme durante mucho tiempo. Y si olvido quien
soy, incluso tú olvidaras Quien Eres, y las dos estaremos perdidas.
Entonces necesitaremos que venga otra alma para que nos recuerde a Ambas Quienes Somos.
-¡No, no será asÃ! -prometió otra vez la Pequeña alma-. ¡Te recordaré!
Y te agradeceré por darme ese don, la oportunidad de experimentarme como Quien Soy.
Asà acordaron, y La Pequeña Alma fue hacia una nueva vida, emocionada
por ser la Luz, que era muy especial, y por ser esa parte de lo
especial que se llama Perdonar.
Y espero ansiosamente poder experimentarse como Perdón y agradecer lo que hiciera la otra alma para que fuera posible.
En todo momento de esta vida, cada vez que apareció en escena una nueva alma, ya fuera que trajese felicidad o pesar (y especialmente si traÃapesar), la Pequeña Alma pensó en lo que Dios le dijo.
"Siempre recuerda que no envió más que ángeles".
Me parece una preciosidad aunque sea irreal, ojalá te sirva para mucho mucho tiempo. Un abrazo